El futuro del Presidente

EPN NYT

Para iniciar el año, el prestigiado diario estadunidense The New York Times recibió a Enrique Peña Nieto con un editorial demoledor:

“Después de tres años en el cargo parece bastante probable que será recordado más como un jefe de gobierno que evitó rendir cuentas que como el líder transformador que muchos mexicanos creyeron haber elegido”,

dice el primer párrafo sobre el Presidente de México.

El editorial cuestiona la exoneración realizada por el titular de la SFP en favor del Presidente Enrique Peña Nieto y el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, con relación al escándalo de la “Casa Blanca”. También se refiere a las inconsistencias en la investigación sobre la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Sobre el texto, Sergio Sarmiento hizo un puntual análisis que puede consultarse aquí.

El texto dolió tanto que Virgilio Andrade, el titular de la Secretaría de la Función Pública se sintió obligado –o instruido- a responder: “El Gobierno, sobre los temas de referencia ha puesto siempre su posición, ha expuesto sus argumentos de carácter legal y además ha mostrado disposición y apertura al diálogo para poder avanzar en los temas de fondo vinculados con los casos en específico que se señalan”, dijo el funcionario que no halló nada ilícito en el expediente de la ·”Casa Blanca”, según una nota de Reforma.

Pero más allá del enfoque casuístico al que el señor Andrade se refiere. El editorial duele porque apunta al corazón de todo gobernante: ¿cómo será recordado en el futuro?, ¿cuál será su legado?

¿Cómo recordaremos los mexicanos a Peña Nieto dentro de 10,15 o 20 años? ¿Le sucederá como a Ernesto Zedillo? Que pasea por el mundo con el prestigio de la transición democrática que dejó pasar, además de un muy destacado manejo económico tras la crisis de 1994. ¿O le sucederá como a Carlos Salinas? Que si bien opera con amplio poder desde la penumbra política, sufre el desprestigio generalizado entre la población que lo ubica como el Gran Corruptor. ¿O de plano le irá como a Vicente Fox? Quien dilapidó el gran mérito de sacar al PRI de Los Pinos, tanto que ahora es imposible tomarlo en serio.

El impulso reformista de Peña Nieto palidecerá en el futuro como consecuencia de su cara dura y el tufo a corrupción de su sexenio.

La apertura energética cobrará tarde o temprano su impulso a pesar de la debacle del precio del petróleo, pero dudo que sea suficiente para que los mexicanos olviden temas pendientes como Ayotzinapa, Tlatlaya o la “Casa Blanca”.

El legado de los gobernantes es lo que perdura. Por más que se empeñen en elevar monumentos o construir carreteras, la gente suele recordar cosas más etéreas y, a veces también, cosas más profundas.

Por eso creo que Peña Nieto será recordado más como un líder mezquino que cómo un hombre generoso. La mezquindad, según la Real Academia, es la falta de nobleza en el espíritu, la pequeñez, el diminutivo.

Eso será Peña Nieto, el Presidente que pudo dar más pero renegó de ello. No será Salinas que soñó con el primer mundo y se desbocó en la pista. No será tampoco Fox, que desvirtuó la realidad para vivir en la fantasía. Será Peña, el Presidente que prefirió escatimar. Vaya paradoja para el Presidente que aspira a “romper paradigmas”.

En medio de la turbulencia económica internacional y con Brasil en franca caída, el mediocre desempeño mexicano se ve hasta admirable. Pero esa no es la marca que distingue a México a nivel mundial, sino la pata coja del estado de derecho que no hemos construido.

Un rápido vistazo a los índices globales nos ubica de inmediato: en todos etamos lejos de destacar. Las debilidades coinciden en todas las mediciones: corrupción, inseguridad, fragilidad institucional, crimen organizado, opacidad, impunidad. Todos temas relacionados con el estado de derecho, la gran tarea pendiente.

Parece increíble que el Presidente y su equipo no se den cuenta que el reclamo nacional e internacional apunta al estado de derecho, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción.

Cierto, estamos creando las instituciones para ello, pero la crítica tiene más que ver con la carencia de un elemento que se ve imposible de aportar por Peña Nieto y su gobierno: voluntad política.

Mientras el Presidente decide ignorar la indignación y la injusticia, su figura naufraga en el descrédito.

Solo recordar que el futuro del Presidente es también nuestro futuro.

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