Sinaloa: los retos de Quirino Ordaz

 

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Qurino Ordaz Coppel. Foto: Noroeste

El domingo pasado también hubo elecciones en Sinaloa. Y a diferencia del resto de México, aquí el PRI se llevó todo… o casi todo. En materia electoral esta vez fuimos la excepción.

El tricolor tendrá gobernador, al menos 14 alcaldías y 22 diputaciones locales. El PAN, antes un verdadero símbolo opositor, cayó al tercer lugar y el Partido Sinaloense (PAS) prefigura como la segunda fuerza electoral. Lo digo con tristeza, en Sinaloa ganó el voto duro, la estructura, el “trabajo de tierra”.

Con el 44% de participación, Sinaloa apunta para volverse el estado con mayor abstencionismo del país. Quirino Ordaz, el candidato ganador del PRI, impuesto desde el centro y no el preferido del gobernador Mario López Valdez, resultó ganador con el 41.2% de los votos según el PREP.

Lo grave es que el empresario hotelero será gobernador con una legitimidad menor al 10% de la población. Es decir, por Quirino Ordaz votó solamente 1 de cada 10 sinaloenses. No será fácil gobernar así.

No será fácil porque a Sinaloa la alternancia le falló.

Mario López Valdez llegó con el apoyo de todos, pero gobernó para unos cuantos: él y su grupo. Y ahora muchos sinaloenses están descontentos, tanto que prefirieron no salir a votar el 5 de junio.

Las cuentas que entrega el gobernador bailador son terribles: un estado primario estancado en crecimiento económico, en segundo lugar nacional de corrupción, segundo lugar nacional en homicidios dolosos, penúltimo lugar en el Índice de Paz y también una calificación reprobatoria en el Índice Nacional de Organismos Garantes del Derecho de Acceso a la Información (INOGDAI) que nos ubica en el lugar 28.

Durante este proceso electoral al menos “Malova” fue consistente: fue incapaz de contener el clima de miedo que se vivió durante las campañas y el día “D”.

El proceso electoral estuvo marcado por el miedo. Lo sinaloenses vimos campañas negras entre los candidatos, espionaje telefónico, campañas de desprestigio contra periodistas críticos, sobre todo del Partido Sinaloense y su candidato perdedor Melesio Cuén. También reportamos agresiones directas a oficinas de campaña de los partidos; balazos y pedradas al transporte público que tuvo que suspender sus servicios en plena elección; y hasta el secuestro de representantes partidistas. La operación electoral estuvo plagada de irregularidades y el PREP estuvo lentísimo. Para coronar el momento, Karla Peraza, Presidenta del IEES, atribuyó el alto abstencionismo al calor.

En ese escenario, el próximo gobernador de Sinaloa tendrá grandes retos. Su mandato será corto (4 años 8 meses, por el ajuste del calendario electoral), contará con menos recursos debido a los recortes federales y tendrá que lidiar con un crimen organizado omnipresente.

Quirino Ordaz ha prometido que su legado será el de la transparencia y el combate a la corrupción. Ha prometido personas honestas en su equipo y hasta la obligación para todo su gabinete de presentar el 3de3.

¿Suena padre no? Pero del dicho al hecho hay muchos compromisos e intereses. Los sinaloenses deben recordar que el candidato ganador representa a ese PRI de Peña Nieto, Videgaray, Manlio y compañía. De hecho, la principal razón por la que llega al poder es precisamente ese apoyo central. Su reto: demostrar que será diferente. En los hechos, no en el discurso.

Pero la mala noticia es que durante el gobierno malovista la oposición prácticamente desapareció en Sinaloa. Tanto el PAN como el PRD han venido cediendo espacio al Partido Sinaloense, que tiene su bastión en la estructura de la Universidad Autónoma de Sinaloa, y a MORENA, que es ya un fenómeno nacional.

Tal vez Sinaloa no representa una gran tajada del pastel electoral nacional de cara a 2018. Pero el estado tiene otras connotaciones que vale la pena considerar: es el bastión agrícola, pesquero y ganadero del país; está por dar el paso a la industrialización si lo hace bien con la llegada del gas natural; y gracias al corredor Mazatlán-Matamoros puede volverse un protagonista logístico.

Pero sobre todo, Sinaloa es relevante porque representa la génesis del narcotráfico nacional. Cualquier iniciativa en el sentido de regulación de las drogas y combate al crimen organizado puede aprender mucho de la experiencia sinaloense. Duele reconocerlo, pero Sinaloa ha sido el estado más violento del país en la última década, mucho de la imagen “narca” del país sale de nuestro estado.

Es fundamental empezar ya un proceso profundo, integral y multidisciplinario para abordar nuestro mayor problema: el narcotráfico, la narco-violencia, la narco-política… el fenómeno narco.

Pacificar a México no es posible sin pacificar Sinaloa.

 Por eso es clave que el nuevo gobernador lo haga muy bien. Puede hacerlo no por convicción, sino por presión. Los sinaloenses que nos quedamos con el mal sabor de boca de una elección mediocre en la oferta y escasa en las urnas, tenemos la responsabilidad de no dejar solo a Quirino Ordaz y llenar, desde la sociedad civil, el vacío que deja la oposición partidista.

Tenemos la oportunidad de aprovechar la debilidad del próximo gobierno para empujar los cambios en materia anticorrupción, transparencia y seguridad que tanto nos urgen, si queremos tener un estado pacífico, competitivo y educado.

El próximo gobernador no cambiará Sinaloa, lo haremos los sinaloenses si sabemos entender el momento y ponernos de acuerdo. La elección fue un fracaso, pero podemos aprender de ella y convertirla en oportunidad.

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