Las cuentas de Mario López III: política

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Mario López Valdez. Foto: Noroeste.

“Quiero ser el mejor gobernador de México”.

Prometió Mario López Valdez en 2010. En el éxtasis de la victoria electoral que parecía imposible, se atrevió a soñar en público. Casi seis años después, el sueño fue solo eso… un sueño.

Con la suerte de que existan los Duarte en Chihuahua y Veracruz, con Borge en Quintana Roo, Padrés en Sonora y Medina en Nuevo León, las ocurrencias y el desaseo gubernamental de Mario López parecen peccata minuta, pero no lo son.

Frente a las malas cuentas en seguridad, en 2016 el Gobernador del Falso Pluralismo puede presumir un logro político incuestionable: haber destruido a la oposición en Sinaloa. Vaya manera de ser agradecido, Mario López Valdez acabó con las instituciones que lo llevaron al poder.

Seguro esta afirmación dará para el pataleo de los falsos panistas y perredistas que se dejaron cooptar con puestos menores, relojes caros y viajecitos de placer. Pero los resultados están allí: el PAN y el PRD pasaron de abanderar una coalición opositora ganadora en 2010, a perderlo todo en 2016. Mientras que en el resto del país la sociedad le manoteó la mesa al Presidente Peña Nieto haciéndole perder al PRI una gran tajada electoral; en Sinaloa, el tricolor abanderado por Quirino Ordaz Coppel, lo ganó todo: 16 alcaldías y la mayoría absoluta en el Congreso. Tanto que ni para pluris alcanzó.

Todavía peor noticia es que el otrora poderoso PAN estatal. Emblemático incluso a nivel nacional y a punto de la victoria con Heriberto Félix Guerra, se fue a tercera fuerza electoral. El proceso de limpieza interna acabó mal con la designación de Martín Heredia, comparsa del malovismo, y las consecuencias están allí: un Acción Nacional dividido y concentrado en el reparto de culpas.

Los sinaloenses ahora tenemos que lidiar con un crecido Partido Sinaloense que aunque se empeñe en negarlo, se apalanca en la estructura de la UAS. Una invención política del ex-rector Héctor Melesio Cuén, quien tras una campaña sucia sin precedentes, hoy negocia “sin hacer gestos” (como dijera el politólogo Jesús Rojas Rivera), posiciones de poder y hasta aspira a liderar el Congreso Estatal.

Del PRD también hay tela para cortar. En un acierto insuficiente de congruencia decidieron abanderar a una figura limpia pero con ínfimo conocimiento electoral: el empresario Mariano Gómez Aguirre, ex Presidente de Coparmex Sinaloa. Le acompañó en la fórmula Imelda Castro por la Alcaldía de Culiacán. La siempre crítica diputada se ha ganado a pulso su buen nombre pero, si bien la izquierda en Sinaloa siempre ha tenido un rol minoritario, en esta ocasión llegaron muy minados gracias a la división interna provocada por MORENA. Reducidos en estructura y con los viejos alfiles también en la nómina estatal, jugaron apenas un papel testimonial.

Hay mucho trabajo pendiente de reconstrucción institucional tanto a la derecha como a la izquierda de la vida política partidista en Sinaloa.

Un escenario político de total dominio tricolor, sin contrapesos reales que representen a sectores relevantes de la ciudadanía, no es bueno para nadie. Ya todos sabemos lo que pasa cuando un gobernador no tiene quien le amarre las manos.

En el PAN deberán poner especial atención en el proceso de renovación de la nueva dirigencia si quieren mandar un mensaje de verdadera limpia del malovismo-millanismo y dar pruebas de autonomía política frente a lo que venga con Quirino Ordaz.

En el PRD se necesita una re-ingeniería profunda tanto de la arquitectura interior como de la manera de relacionarse con la ciudadanía. El viejo discurso de izquierda revolucionaria no conecta con los nuevos sectores poblacionales.

El PAS ganó perdiendo a pesar de las resistencias que genera la intolerancia de Héctor Melesio Cuén. El “Partido-Universidad”, parafraseando a Ernesto Hernández Norzagaray es, para efectos prácticos, la segunda fuerza política de Sinaloa. Y seguirá creciendo de no ser que el resto de los partidos se reconstruyan y generen cuadros, liderazgos y proyectos cercanos a los sectores que dicen representar. El PAS no es auténtico, pero ha sabido llenar los vacíos que dejan sus contrincantes.

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Juan Guerra, Secretario de Agricultura, PRD. Foto: Noroeste

El análisis sirve en dos sentidos: el Gobernador apostó por la disolución de la oposición vía el control de los liderazgos, pero esos liderazgos cooperaron. ¿O ha visto usted a Francisco Solano, Juan Guerra, Audomar Ahumada o Alejandro Higuera protestar?

Por último, un matiz: Mario López Valdez gobernó tan bien que fue incapaz de entregar el poder a su delfín, Gerardo Vargas Landeros. Con una ciudadanía molesta, no alcanzaron las “Ferias de Servicios” ni los “Gobiernos en Movimiento” para apuntalar a quien era su sucesor natural.

Tampoco alcanzó para que sus cuadros cercanos ganaran elecciones. Habrá que ver si el Gobernador Electo le concede espacios en el gabinete como lo hizo en campaña o, de plano, le dan las gracias por cooperar.

Lo que sí hizo el Gobernador López Valdez fue, a cambio de un tránsito terso que no lo incluya en la lista negra del Presidente, entregarlo todo el poder federal. Ya veremos si la inmunidad alcanza para él y su grupo. Yo no cantaría victoria, el Presidente todavía necesita dar golpes de credibilidad de cara a 2018.

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Enrique Peña Nieto con Quirino Ordaz en Mazatlán. Foto: Cortesía.

Si no me cree, pregúntese: ¿por qué el Presidente viene a jugar golf a Sinaloa con el gobernador, sin invitar al Gobernador?

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