Deuda pública: la película que ya vimos

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Crecí en la última generación para la que la frase “deuda externa” era un desgracia ineludible. Usábamos el concepto como sinónimo de algo inmenso e inevitable.

La “deuda externa” inmortalizó a Caro Quintero cuando, según el imaginario, se dijo dispuesto a pagarla y liberar a México de todos sus males.

Afortunadamente, no ha sido así para generaciones más jóvenes. Nuestros millenials no ven en la deuda pública una amenaza, mucho menos una desgracia. Para ellos simplemente no es tema. La razón: la deuda se vino manejando con muchísima responsabilidad después de la crisis del 95. Ernesto Zedillo recuerda en alguna entrevista su agradecimiento con el Presidente Bill Clinton por apoyar a México para salir del atolladero vía financiamiento.

En específico, según un informe de la Cámara de Diputados, al 31 de diciembre de 2015, la deuda del gobierno registra 8 billones 430 mil 561.7 millones de pesos, cantidad mayor en un billón 207 mil 683 millones de pesos a la registrada el año anterior.

De acuerdo al mismo informe, fechado en junio de este año, durante el período 2010-2015, la deuda bruta del sector público creció 12.8 puntos porcentuales al pasar del 31.8% al 44.6%. Todavía más grave, la deuda actual equivale ya a más del 50% del PIB, tan solo al primer semestre de 2016.

captura-de-pantalla-2016-09-21-a-las-3-29-57-p-mLa responsabilidad en el manejo de la deuda se perdió. El gobierno de Peña Nieto no solo no ha logrado crecer al ritmo esperado, sino que su desempeño fiscal ha sido deficiente. Mientras que los ingresos propios crecieron 4.5% y el PIB 2.5% en 2015, la deuda pública lo hizo en 13.8%. Recaudar apenas un poco más no ha sido suficiente para compensar la caída de los ingresos petroleros, por eso el Gobierno Mexicano se empeña en seguir endeudándose para poder gastar.

Un dato muy relevante es que más del 80% de la deuda externa está contratada en dólares, de ahí la importancia del desempeño de la economía americana.

Ante las señales de alerta de diversos analistas e instituciones financieras, el gobierno argumenta el uso del endeudamiento como una medida contra-cíclica dada la ralentización de la economía mundial, sin embargo, no podemos dejar de ver que el crecimiento reciente de doble dígito en el endeudamiento es una tendencia peligrosa. Con este comportamiento se pone en riesgo el cumplimiento del balance fiscal y la sostenibilidad de las finanzas públicas del país, advierte el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas a la Cámara de Diputados.

Tengo la impresión que las generaciones más jóvenes no dimensionan el tamaño del problema. No es algo que puedan recordar. Por eso, todavía más importante que nuestros legisladores sean responsables en la revisión del paquete económico 2017. Alguien tiene que hacer memoria. Es hora de exagerar en la prudencia y apretarse el cinturón.

La cobija no alcanzará para cubrirlo todo, pero el Gobierno Federal tiene que dejar de exceder sus presupuestos en el ejercicio de gasto corriente. Es hora de revisar los problemas estructurales en las finanzas públicas como el sistema de pensiones y las nóminas magisteriales.

Es hora de que los gobiernos de los estados hagan lo propio con las finanzas locales. Los virreinatos se construyeron con dinero y tienen que llegar a su fin con austeridad.

Desafortunadamente no veo cómo el Gobierno Federal pueda ponerse responsable con el dinero cuando ya mandó el mensaje de que está en campaña para 2018.

¿O alguien entendió de otra manera el nombramiento del compadre Luis Miranda en SEDESOL?

Los ciudadanos tenemos que apretar la exigencia a nuestros legisladores, para que cumplan su rol de fiscalizadores del dinero público. Para que exijan que se aclaren las razones para condonar miles de millones de pesos a ciertas empresas y personas físicas. El INAI tiene que apretar la exigencia de sus solicitudes y debe haber consecuencias. Ya es hora de dejar la simulación de transparencia y rendición de cuentas.

En un contexto donde la credibilidad del Presidente se desmorona y todo el mundo observa al país como sinónimo de inseguridad y corrupción, el manejo responsable de las finanzas públicas había venido mandando una buena señal de estabilidad. Esa señal irá desapareciendo si se continúa en la irresponsabilidad con la deuda.

No podemos jugar con fuego y arriesgar el último recurso de credibilidad institucional que nos queda. Sobre el capricho presidencial, debe prevalecer el profesionalismo en el manejo de las finanzas públicas. Lo que menos necesita México ahora es una crisis económica producto de la irresponsabilidad del Presidente y sus amigos. Esa película ya la vimos, es una de terror.

 

 

 

 

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