Sinaloa y Culiacán, economía y urbanismo

ciudad-del-miedo
Presentación “Culiacán, ciudad del miedo”. Foto: Noroeste

Este mes tuve el gusto de presentar dos textos que analizan Sinaloa y Culiacán desde perspectivas económicas: “Culiacán, ciudad del miedo” de Guillermo Ibarra, y “Sinaloa y el Noroeste de México” de Jorge Rafael Figueroa, ambos catedráticos de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Celebro ambos libros. Primero, por la pertinencia de comenzar a discutir nuestra actualidad desde perspectivas multidisciplinarias integradoras. Y segundo, por las preguntas y los retos que surgen precisamente de esos análisis.

Nos dice Jorge Figueroa que Sinaloa está cada vez más lejos de la competitividad de nuestros vecinos (Sonora y las dos Baja Californias). Señala con evidencia, cómo el poco talento preparado que producimos es expulsado hacia Hermosillo, Tijuana, La Paz o Mexicali, pues en Sinaloa no generamos los suficientes empleos de calidad que requieren los graduados de ingenierías, licenciaturas y posgrados.

La tesis de Jorge es simple pero contundente:

la inversión en educación de calidad y el desarrollo de ecosistemas de innovación tienen una correlación directa con el crecimiento económico de una comunidad.

Suena a verdad de Perogrullo, pero no lo estamos haciendo bien. Nuestra economía se “terceriza” sin dar el paso natural hacia la industrialización y el valor agregado del primario: pesca, agricultura y, ahora, minería. En esa “tercerización” la economía del narco juega un rol primordial. La llegada prematura de marcas de lujo a Sinaloa se explica precisamente en esa “otra economía” que todos vemos en las calles.

empleos-83327
Empaque agrícola. Foto: Noroeste

En el segundo libro, Guillermo Ibarra aborda a Culiacán desde diversas perspectivas ancladas en su conocimiento económico, pero básicamente desde el desarrollo urbano. El análisis económico, histórico y sobre todo, el estudio de campo, lo lleva a afirmar que Culiacán, nuestra querida capital, se ha convertido en una “ciudad del miedo”. La afirmación es fuerte pero el libro la sostiene.

Culiacán es ahora una ciudad dónde el fenómeno de la “securitización” es la constante: mientras el pueblo se debate entre el la violencia del narco y el espionaje de los “halcones”, las elites se recluyen en cotos privados con casa club exclusiva, casetas de vigilancia, cámaras de video, alarmas y rejas eléctricas para sentirse seguros. Esta dinámica genera un fenómeno contrario a la normalidad: disgrega las clases sociales, las separa y produce aislamiento e intolerancia entre ellas.

En Culiacán, el miedo está matando la convivencia.

La paradoja es terrible: esas élites político-económicas que deciden sobre el futuro y el desarrollo urbano de la ciudad en realidad no viven en ella, sino en islas dentro de la misma.

Nuestras elites salen a hacer turismo por Culiacán cuando van al colegio, el trabajo o el supermercado. Y es allí, cuando de pronto sucede lo inevitable: un asalto violento, un secuestro o un asesinato de alguien célebre que cimbra a la “sociedad” de Culiacán. Mientras tanto, los “encobijados” del otro lado de la barda de La Primavera son la nota diaria.

Esa disgregación explica también la indiferencia de nosotros los culichis que protestamos por el maltrato animal y causas diversas, mientras le damos la espalda a los 3,000 asesinatos que registramos durante este sexenio. Duele pero es cierto, en Culiacán dejamos de ver los muertos por una razón fútil: no queremos verlos.

Dicho fenómeno tiene consecuencias incluso económicas, pues cada vez más la competitividad de los países depende de las ciudades. Megalópolis como la Ciudad de México, Nueva York o Tokio compiten entre sí por la inversión en la medida en que son capaces de ser atractivas para atraer talento. Lo mismo sucede con las ciudades medianas a escala regional. Culiacán compite con Hermosillo por sus ventajas competitivas naturales, pero sobre todo por sus características de habitabilidad y convivencia.

Es decir, el talento va a ciudades que son “buenas para vivir” y yo pregunto igual que Ibarra: ¿es Culiacán una buena ciudad para vivir?, ¿es segura y disfrutable?, ¿contamos con la infraestructura básica en drenaje, avenidas, transporte público?, ¿generamos espacios públicos para la convivencia y la innovación?

Enhorabuena por dos textos que nos obligan a repensar Sinaloa y Culiacán con conocimiento y técnica. Enhorabuena porque desde la academia se empiecen a poner los acentos donde de verdad importa. Enhorabuena por dos voces que no rehuyen los temas que nos afectan.

Como dijo Antonio Ríos Rojo: que estos textos sirvan para abrir un verdadero debate. Que dejemos de rehuir nuestra responsabilidad desde la academia y el periodismo.

Estamos justo en el cambio de gobierno, espero que los que vienen se atrevan a usar estos insumos de conocimiento para la toma de decisiones y dejen de improvisar el diseño de políticas públicas en materia económica y desarrollo urbano.

Ya vimos lo que sucede cuando se gobierna en la ocurrencia. Ahí está el par vial y sus múltiples demandas y afectaciones. Ahí los elefantes blancos del Gobierno Estatal. Ahí un sexenio perdido en la incertidumbre y la falta de visión.

#SíSePuede!

ugc
Presentación de comedor pro migrantes. Foto: Noroeste

La Sociedad de Alumnos de la Universidad del Golfo de California iniciará un programa de apoyo para un comedor universitario en pro de personas migrantes. Consideran servir 50 comidas gratuitas con alumnos voluntarios en la primera etapa. No todo es recibir.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s