El crimen como estrategia

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Mario López Valdez. Foto: Noroeste

Es Buen Fin. Las plazas comerciales están repletas. Las calles son un caos. El tráfico está imposible porque todos tienen prisa. Es un puente para gastar. Así se diseñó.

En lo que volvemos a la normalidad, sea prudente: acuérdese de Trump, del dólar, de la deuda pública. Repito, sea prudente. Porque el martes volveremos a la realidad. Ese día, otra vez a los temas que nos ocupan: el cambio de gobierno, la economía, la seguridad.

El martes los medios reportaremos los tres-cuatro muertos de siempre. Cinta canela, tiro de gracia, cuerno de chivo, Juan “N”. La gente sabrá de ellos a través de los medios pero solo sus familias sufrirán su ausencia. Como el duelo es íntimo, no llama la atención colectiva. Pero el dolor está allí, incubándose. Y mientras tanto, la estadística se acumula. 7,500 muertos este sexenio. O más…

Es una desgracia. Aunque muchos no quieran verla. Es más, no importa, porque –casi- todos ellos eran criminales. Eso dice Mario López. El Gobernador de Sinaloa.

Cuidado, no es un ciudadano cualquiera especulando en un café. Es el Gobernador. Ese que llegó con la promesa del cambio y la alternancia. Ese que prometió pacificar Sinaloa. El responsable principal de la seguridad de TODOS los sinaloenses. Sí, también de los criminales.

Mentir para gobernar. Desviar la atención. Desacreditar la crítica. Reducir lo complejo. Es la práctica común de nuestro Gobernador. Le alcanzó para llegar y, tristemente, le alcanza también para irse intacto.

Sabe que se irá impune. Tiene suerte, frente a los escándalos de otros gobernadores, su frivolidad y desaseo en el poder no pintan. Tiene razón Rosa Elena Millán, Presidenta del PRI: Mario López no es Duarte, pero eso no significa que sea inocente.

Las ocurrencias del gobernador ya no sorprenden. Empezaron siendo simpáticas: ¡qué baile, qué baile! Se volvieron forzadas, incluso frente al Presidente: transplantes multiorgásmicos… ejem… multiorgánicos… cri-cri… Y ahora terminan siendo ofensivas: 90 por ciento de los asesinados en Sinaloa andaban en malos pasos. 

Hace mucho que dejó de ser divertido. Su discurso es peligroso. No solo por lo que expone, sino por lo que esconde. Criminalizar a las víctimas reduce su dignidad y expone a sus familias. ¿Y cuando los muertos son políticos, o policías, o empresarios? Es El Gobernador, debe mostrar respeto.

El gobierno acepta que cuando consideran que el asesinato pertenece a la esfera del crimen organizado, pues, no se investiga, y cuando creen -sí, “creen”- que se trata de inocentes, entonces inician la carpeta de investigación. El resultado de ese juicio de valor es lógico: 90 por ciento de impunidad en homicidios dolosos. En Sinaloa matar es gratis.

Además, la declaración contradice sus dichos anteriores. Siempre que se critica su fracaso en materia de seguridad, él mismo reduce el problema y desacredita los diagnósticos e indicadores. Su insistencia en el discurso moralino de que “somos más los buenos” evidencia su profunda ignorancia del principal problema del estado.

Por eso los spots del último informe en Seguridad solo pueden cacarear la inversión millonaria en equipos y policías. Una inversión hecha en total opacidad y vía adjudicaciones directas a proveedores que apenas conocemos. ¿Cuántos nuevos ricos se esconden detrás de esos 17 mil millones de pesos?

Pacificar Sinaloa requiere dinero, pero no es lo único. Nuestros policías ganan mejor (¡y qué bueno!), pero también son los menos confiables del país. Los resultados de los controles de confianza los reprueban y hay evidencia concreta de cómo la tortura se ha instalado como el método más eficaz en materia de investigación policial, con el visto bueno de sus comandantes. El “modernísimo” C4 funciona selectivamente. Solo ve cuando le conviene al grupo en el poder. Para muestra la emboscada a los militares.

La estrategia de seguridad de este sexenio se resume en el dejar-pasar, el combate selectivo y el uso de la fuerza sin controles, ni respeto por la ley y los derechos humanos. Es decir, en Sinaloa el crimen se combate con más crimen.

De esa estrategia criminal el ejemplo más emblemático es el comandante Aguilar Íñiguez, señalado por el diario El País como el policía más peligroso del estado. Y a quien ahora el Gobernador presume como policía ejemplar mientras lo jubila con bombo y platillo. La pensión monetaria es lo de menos, la pregunta es sobre los méritos reales y los intereses que esa jubilación persigue.

Y, sobre todo, el discurso criminalizador de Mario López es peligroso porque le dice a la sociedad que esos muertos se lo merecían. Que el Estado no está allí para defenderlos. Qué no habrá investigación, ni juicio, ni responsables en la cárcel. En suma, que la ley no existe para ellos. Y, por lo tanto, tampoco para los demás.

Instalar la violencia como castigo es renunciar a nuestra humanidad: lo que queda es la venganza. Y ahí cabemos todos.

Mario López ya se va. Le urge. Nos dejará Sinaloa y su violencia. Sociedad, medios y gobierno tenemos que trabajar con un enfoque diferente de seguridad y legalidad para construir paz para nuestras familias. No cometamos otra vez el error de esperar que venga del Gobernador. Empecemos.

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