¿Qué PAN necesita Sinaloa?

Conferencia con la planilla del candidato a dirigir el PAN estatal Sebasti·n Zamudio.
Conferencia con la planilla del candidato a dirigir el PAN estatal Sebastián Zamudio. Foto: Noroeste.

En “Gobernando el vacío”, Peter Mair se pregunta: ¿importan los partidos políticos para la democracia? En un escenario de desencanto democrático mundial, los partidos han dejado de representar a la sociedad en sentido amplio y se han convertido en agentes del gobierno:

“Brindan orden más que voz”,

dice Mair.

Esa desconexión representativa comenzó a notarse en Europa desde los 90’s y la acabamos de ver en Estados Unidos en su máximo esplendor: Trump ganó precisamente por ser un “outsider” y no provenir del sistema bipartidista tradicional.

México no escapa a esa dinámica y esa es la razón por la que el voto duro de los partidos se ha venido reduciendo en elecciones recientes. Y es también una de las explicaciones de fondo en la debacle opositora durante la elección anterior en Sinaloa.

Por eso vale aplicar la pregunta a la realidad local: ¿importan los partidos para la democracia sinaloense?, ¿le importa el PAN a los sinaloenses? ó, más allá, ¿le importa al PAN Sinaloa?

La pregunta no es ociosa. No importa si usted es panista o no. Si le gusta la política o la detesta. O si de plano prefiere no saber porque piensa que “todos son iguales”, “ratas”, “corruptos”. Lo que suceda el 11 de diciembre en la elección por la dirigencia panista de Sinaloa terminará por afectarlo, directa o indirectamente.

Por la dirigencia panista compiten dos planillas: la de Alejandro Higuera, quien no necesita mayor presentación: ha gobernado tres veces Mazatlán y es uno de los símbolos del “viejo” PAN. No está en su mejor momento, pero sigue siendo “El Diablo”.

carlos-97453Y la de Sebastián Zamudio: ¿le suena? Lo más probable es que no, pero seguro conoce a su grupo: Edgardo Burgos, uno de los presidentes con los peores resultados que el PAN haya tenido en su historia local; Adolfo “El Popo” Rojo (no mucho que decir); Loar López, exregidor que participó en el Comité para aprobar el costoso arrendamiento de autos en Mazatlán y que ahora Carlos Castaños defiende; y el impresentable Jorge Villalobos: los moches, la “fiestecita” en Vallarta… ¿ya? ¡Ah! y Roberto Cruz, siempre en los mejores momentos.

Ambas planillas se disputan el control de quien fue hasta hace alguna década el principal partido opositor de Sinaloa. Un partido reconocido a nivel nacional por la calidad de sus liderazgos.

Pero ese era otro PAN, el de hoy es un partido perdedor. Debilitado. Y eso no le conviene a nadie.

Me explico: Quirino Ordaz gobernará Sinaloa a partir de 2017 y el PRI, su partido, tendrá mayoría absoluta en el Congreso Local y todas las Alcaldías relevantes. Esa concentración de poder significa una cosa buena y una mala.

La buena es que tendrá margen de maniobra suficiente para tomar las decisiones de política pública que Mario López decidió soslayar: una Procuraduría autónoma, la limpieza de las policías, una Ley de Transporte moderna, mayor transparencia y la implementación correcta de los Sistemas Estatal Anticorrupción y de Justicia Penal Acusatorio. Claro, sí decide hacerlo

La mala es que no tendrá contrapesos. Las élites empresariales le apoyaron en la lógica del “mal menor” y veo muy difícil que se erijan luego en un factor de control y crítica. Eso sería “equivocarse” y las élites no se equivocan.

Pero lo más peligroso es la cuasi nula oposición política que enfrentarán el futuro Gobernador y su partido. El PRD se encuentra más débil que nunca frente al crecimiento de MORENA. Y el PAS se ha convertido en la segunda fuerza electoral del estado, aunque no represente de manera auténtica a un sector amplio de la población. Por más que los pasistas insistan en vender su modelo como legítimo, la elección anterior evidenció sus propias limitaciones gremiales y corporativas.

Por eso lo que suceda con el PAN el 11 de diciembre es relevante para todos los sinaloenses. Acción nacional enfrenta ahora la disyuntiva interna de reinventarse o volver a la prostitución política que practicaron durante el gobierno de Mario López. En lugar de discutir cuál planilla es la menos peor, deben discutir qué partido quieren construir.

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Higuera y Felton. Foto: Noroeste.

No creo que Alejandro Higuera represente los vientos de modernidad que el PAN de Sinaloa necesita. De ganar, llevará al partido su millanismo y su intolerancia, los defectos que le impidieron dejar de ser un político de alcance marismeño.

Pero tampoco creo que Sebastián Zamudio ofrezca garantía alguna de renovación ética como pregona su grupo. Basta ver sus perfiles y trayectorias para olvidar lo que prometen. Solo haga memoria y recuerde los principales méritos de Adolfo Rojo, Edgardo Burgos, Jorge Villalobos o Carlos Felton. ¿No hay mucho no?

Respondo a la pregunta de Mair: los partidos políticos importan. Importan porque viven de nuestros impuestos. Por su función representativa. Por sus posibilidades críticas. Y sobre todo, importan por su capacidad fiscalizadora frente al Ejecutivo en el Congreso y el debate público.

Ojalá los militantes panistas lo recuerden y voten con responsabilidad. Ojalá dejen de pensar en ellos y piensen en el PAN que Sinaloa necesita. Y después de votar exijan transparencia y rendición de cuentas a sus líderes. Los empujen a tomar postura para construir o para oponerse.

Cómo alguna vez lo hizo, ojalá que al PAN le importe Sinaloa.

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