El valor de los medios III

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Portada Noroeste.

La libertad de expresión es una de las mayores conquistas de la democracia. Para ejercerla con la máxima plenitud posible, son necesarias personas e instituciones profesionales de la comunicación y el periodismo.

La satisfacción de esa necesidad materializó en un sistema funcional y efectivo. Una industria poderosa, influyente e imprescindible que se convirtió en el contrapeso natural del poder político-económico en turno. Cometió excesos también, pero el paradigma se mantuvo vigente hasta la aparición de la digitalización.

La digitalización es una característica del mundo complejo que habitamos. El siglo XXI no nos dio autos voladores –aún-, pero nos regaló Twitter, Facebook y Google. Esas tres compañías son ahora el espacio donde la conversación sucede y quienes cosechan las ganancias del negocio digital. Los otrora líderes del mass media existen todavía, pero en la práctica, son muy diferentes de lo que fueron alguna vez. The New York Times ya no es solo un periódico: aspira a convertirse en plataforma.

Pero la prensa tiene un reto más importante que la mera adaptación a la disrupción digital. El sueño es conservar el periodismo. En esta entrega final esbozo algunas propuestas de lo que parece ser un camino para la transición de los medios de comunicación, especialmente los mexicanos. Pudieran tener alguna aplicación en otros contextos y latitudes.

Edgar Morin acusa con razón:

los medios [actuales] producen la cretinización vulgar.

Llevados por el emoticón. definen sus agendas y contenidos en función de lo que a la gente Le Gusta. Es la idea del rating llevada a la máxima sofisticación. Los medios ahora podemos saber quién, cómo, cuándo y -casi casi- por qué, la gente hace click en un determinado contenido. Enfatizo: “contenido” que no necesariamente es información relevante, veraz y útil. Noticia.

Por eso el tráfico surge de los contenidos denominados soft o entretenimiento. Contenidos banales, vulgares… virales. Pero ojo, esta no es una aportación de la era digital: los periódicos populares y los reality shows ya existían antes, lo que la digitalización hizo fue exponenciarlos. ¿Qué más morbo puede ofrecer un periódico versus el timeline de Facebook o El Blog del Narco?

En el rush diario por apropiarse del click y quedarse con la audiencia para mantener el inventario de views, los medios tienden a privilegiar contenidos atractivos en lugar de contenidos utilitarios. El debate actual sobre las fake news tras la victoria de Trump obedece en mucho a esa dinámica.

Parafraseando al “Tigre” Azcárraga, el magnate de Televisa:

¿tenemos en México los medios que merecemos?

No. Si fuera así la sociedad confiaría más en ellos. Todas las encuestas muestran los bajísimos niveles de credibilidad de los medios mexicanos. Es doloroso: los ciudadanos no le creen a sus medios y periodistas porque no les dicen la verdad.

Una paradoja nacional ilustra ese fracaso: mientras que Enrique Peña Nieto realiza una campaña abrumadora sobre los logros de su gestión en los medios oficialistas, Carmen Aristegui logra más impacto desde su canal en Youtube. En el nuevo ecosistema mediático, la credibilidad de una periodista puede más que el presupuesto millonario de un Presidente. El resultado: Peña Nieto tiene una credibilidad del 24%. Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho.

El Reto.

El reto es claro: cómo transitar a los nuevos modelos sin sacrificar el periodismo. Los caminos no tanto. Sugiero tres ideas:

Primero.

Cambiar los incentivos. Modernizar el marco legal sobre la publicidad oficial para que las campañas se concursen de manera transparente e imparcial bajo la supervisión de comités autónomos de expertos y ciudadanos. Mientras persista la opacidad/discrecionalidad en la asignación de dinero público a los medios, la agenda seguirá controlada por los gobernantes. Esa nueva legislación debe ser empujada por medios independientes, organizaciones expertas de la sociedad civil y legisladores.También implica construir organismos reguladores autónomos para la medición, recolección y registro de datos sobre la industria en materia de audiencias, participación de mercado, alcance, etc. La industria de medios tiene que ser, sobre todo, ejemplo de transparencia y sujeto obligado de acceso a la información.

Segundo. Innovación/Especialización/Institucionalización.

Resuelto el tema del dinero público, los medios tienen la obligación de reinventarse si aspiran a recuperar la confianza de la sociedad. No importa la línea editorial, tienen que ser capaces de especializarse: definir la(s) comunidad(es) a las que pretenden servir. Escucharlas y conocerlas de manera exhaustiva y, entonces, destinar sus escasos recursos para la generación de contenidos adecuados para las personas y grupos que integran dicha comunidad objetivo. El contenido de ahora debe cumplir con los elementos de brindar Contexto, aprovechar la Localidad, proveer Información y entregar con Personalización (CLIP), para que sea pertinente, útil y necesario para el ciudadano.

El mundo se volvió complejo y los medios tienen que entenderlo. No pueden continuar en el paradigma masivo de la comunicación y la unidireccionalidad del poder. La misión es sobrevivir atendiendo la complejidad a través de la innovación y la institucionalización.

Y tercero. Nuevos Modelos.

No soy ingenuo, entiendo que reconfigurar la industria de medios implica afectar poderosos intereses económicos y políticos. En México los medios se utilizan para hacer negocios y viceversa. Suena a locura, pero México necesita más inversión en nuevos medios y plataformas.

No hablo de blogs amateurs, ni emprendimientos románticos. Sino de iniciativas serias con visión de largo plazo. Para lograrlo se requiere una colaboración estrecha entre los actores a través de la vinculación, el hermanamiento y el conocimiento compartido. Así como la diversificación del ingreso de los medios a través de modelos multiplataforma como iniciativas de periodismo non profit, subsidios públicos transparentes y/o acceso a fondos de fundaciones nacionales e internacionales.

El futuro.

No creo que el periodismo futuro deba ser un bien público permanentemente subsidiado. Pero en la medida en que somos capaces de reconstruir una industria completa, apoyar los nuevos modelos es deseable y necesario. La prensa no nació grande: creció poco a poco durante un largo período de tiempo. Repitamos.

México enfrenta una coyuntura peligrosa: el gobierno actual funciona en el desprestigio mientras la población exacerba el hartazgo. Ya no lee, ya no escucha, ya no discute. No le interesa. Mejor reclama, insulta, mienta madres. El mexicano, igual que el resto del mundo, practica el Confirmation bias: consume noticias no para informarse, sino para confirmar la que ya sabe, lo que ya siente. Y lo que siente es rabia.

Eso no está bien. Los medios no pueden seguir siendo así de egoístas. Continuar enriqueciéndose al tiempo que abandonan la ética profesional y su responsabilidad pública con la democracia. Veo muy difícil que la industria de medios se cambie a sí misma. Es una industria excluyente en un mal equilibrio. Funciona para unos pocos con beneficios enormes. Por eso habrá que cambiarla desde afuera. Con nuevas ópticas y actores.

El escenario es complejo y la respuesta igual. Vendrá sobre todo desde afuera con la adaptación al entorno, el cambio en los incentivos, la cercanía con el ciudadano y la relación con los competidores. Y también desde adentro vía la especialización, la profesionalización y la institucionalización de los medios.

¿Habría que preguntarse si la corrupción generalizada de nuestros gobernantes es una consecuencia de la falta de periodismo independiente y crítico a nivel nacional? Un examen auto-crítico que a cada medio le corresponde hacerse frente a sus gobernantes.

Pero es obvio que tener un mejor país pasa por tener mejores medios y periodistas. Así de simple, así de difícil.

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