La violencia no es “entre ellos”

vj-balazo
Villa Juárez. Foto: Noroeste

En Sinaloa llevamos 30, 40 años hablando de seguridad. Durante todo ese tiempo los sinaloenses nos hemos engañado con una hipocresía sutil:

“se matan entre ellos”.

Dos generaciones completas de jóvenes consumidos por el narcotráfico. Desde su versión “gomera” inicial, hasta la nueva ola buchona, alterada y narco-pop.

Gobernadores han ido y venido sin encontrar -¿o sin buscar?- soluciones de fondo a lo que es, por mucho, el gran problema de Sinaloa: la inseguridad, los homicidios, nuestro estigma narco-violento.

Ahora es el turno de Quirino Ordaz Coppel. Un gobernador que recibe el profundo desprestigio y el hedor a corrupción de Mario López Valdez. Quirino, como le llaman sus cercanos, es un gobernador que afirma continuamente su intención de “ser diferente”, un gobernador que en este tema le ha apostado a la limpieza de las policías y a una cuasi militarización de la estrategia de seguridad. Un Gobernador que parece haber abandonado la estrategia del “pacto” tácito con el crimen organizado.

A Ordaz Coppel lo recibió el crimen organizado como lo hace siempre que un nuevo gobierno arranca: elevando el tono de la violencia. Durante enero y febrero sumamos 232 muertos, casi 4 por día. Muchos más asesinatos que en otros estados de la república, pero que, curiosamente, no alcanzan para dar la nota en la Ciudad de México. Sinaloa resulta incómodo hasta en el rating nacional.

Pero no solo son los muertos de siempre: ejecutados hallados aquí y acullá en las periferias y los baldíos, con las manos atadas, señales de tortura y el tiro de gracia en la nuca.

Hay tres elementos nuevos en esta violencia actual. Primero y lo más preocupante: la violencia emergió en el valle de Navolato, el corazón agrícola y motor económico del estado, pero también está presente en zonas más amplias. Sergio Esquer Peiro, líder de la AARC levantó la alerta:

… sí hay otros, cómo no; está Costa Rica, rumbo a la zona de Eldorado, casi todo lo que rodea, sobre todo en los valles agrícolas: Villa Juárez no es el único, ahí explotó la violencia, pero no es el único, hay que tener cautela en todos y estamos velando por todos.”  

En esta lógica el Cartel de Sinaloa dejaría de ser el “cartel bueno” que no se metía con la gente y abriría una nueva dinámica de expoliación. Por eso urge apretar las tuercas y reclamar acciones contundentes para imponer orden en esas zonas estratégicas. El control del territorio es clave.

El otro elemento es el continuo uso de la violencia para dirimir conflictos en Sinaloa. El absurdo más grande materializó en pleno Culiacán, ahí en el bar El Pirata, dónde un desconocido emberrinchado descargó su cuerno de chivo contra la fachada, asesinando a tres personas, entre ellas una menor de edad, e hiriendo a nueve más, de las cuales algunas todavía corren peligro. Es hora que las autoridades no responden lo que todos merecemos saber: ¿quién fue?, ¿cómo va la investigación?, ¿cuándo lo detendrán?, ¿cuáles serán las consecuencias? Mientras la impunidad sea la regla, no veremos precedentes de justicia que cambien esta dinámica.

Y tercero, el uso de una estrategia de comunicación vía redes sociales para sembrar miedo y generar sicosis en sectores más amplios de la población. Desde los enfrentamientos en Villa Juárez, todos los días recibimos en Noroeste reportes de grupos armados, secuestros, toma de escuelas y balaceras en distintos sectores. La mayoría resultan ser falsos, pero ciudadanos y uno que otro medio, caen en el juego de replicar cadenas de miedo sin ningún proceso de verificación.

Por eso los reclamos al Gobernador son correctos a pesar de la premura. A pesar de su petición comprensible de tiempo. Pide tres meses para mostrar la efectividad de su estrategia y olvida que los sinaloenses llevan 40 años sin respuestas. Una estrategia que todavía no conocemos. Un plan que –si existe- sigue sin socializarse fuera de reuniones “en corto” con empresarios y grupos de interés.

Entiendo que el Gobernador se sienta más empresario que político. Un Gobernador más cercano a las élites empresariales que a las masas ciudadanas. Pero no debe olvidar, cómo lo hicieron con el incremento al ISN, que no gobierna para tres o cuatro poderosos, sino para tres millones de sinaloenses cansados de vivir inmersos en el baño de sangre, el miedo y la zozobra que genera la violencia.

Hace mucho que la violencia nos alcanzó a todos sin importar la proliferación de alarmas y cámaras de vigilancia, sistemas de circuito cerrado y casetas de acceso en los cotos residenciales.

Porque por mucho que queramos creerlo, vivimos en Sinaloa y no podemos escondernos para siempre.

Porque no es “entre ellos”. Porque “ellos” y “nosotros” somos los mismos.

 

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