La corrupción de Ernesto Echeverría en Salud de Sinaloa

Hace más de 3 años recibí un balazo en un supuesto robo de auto que el Gobierno de Mario López Valdez nunca pudo aclarar. El agresor y uno de sus cómplices siguen prófugos. El primero en visitarme en el hospital fue Ernesto Echeverría, entonces Secretario de Salud.

No nos conocíamos, salvo el trato institucional que existe entre el director de un periódico y el titular de una dependencia. En ese año, Noroeste fue muy crítico de la manera en que Echeverría (con el apoyo del ex gobernador) intentaron implementar el modelo de Asociaciones Público-Privadas para construir dos hospitales generales por más de 14 mil MDP en Culiacán y Mazatlán.

Las licitaciones se dieron, pero no pudieron pasar una iniciativa que asignaba garantías financieras a posteriori a los ganadores, vía la afectación de un fondo federal por 25 años. Lo que se habría abonado a la escandalosa deuda que dejó el malovismo.

Echeverría reclamó siempre a Noroeste estar en contra de los hospitales y la salud de la gente.

No era el modelo, sino la manera en que pretendían torcerlo. En el periódico hicimos la investigación, la sociedad civil entendió y presionó al congreso para que el dictamen no prosperara. ¡Y lo lograron! Como no hubo garantías, no hay hospitales.

Así no había negocio pues.

Esta semana, Noroeste publica una sólida investigación de Gabriela Soto y Heriberto Giusti que documenta la corrupción de Echeverría como Secretario de Salud: asignó contratos por casi 90 MDP a empresas que el mismo fundó, representó legalmente y que pertenecen a la red de sus padrinos políticos, la familia Salido.

Incluso simularon licitaciones para asignar obras a constructoras del mismo grupo. Obras que quedaron inconclusas y medio operan. Puede leer la investigación completa aquí.

 

Desde que llegó al poder, Quirino Ordaz Coppel sorprendió con la velocidad de su ejecución y la firmeza del discurso de toma de protesta. Seis meses después, la crisis de inseguridad con casi 900 muertos y la inacción ante la corrupción del sexenio anterior lo mantienen cuestionado en el imaginario popular.

En seguridad, la estrategia ha sido apoyarse en el ejército. Decomisos, enfrentamientos y detenciones suceden a diario, pero no alcanza. La sicosis y el miedo siguen presentes porque el gobierno hace, pero no explica.

Por otro lado, en el reclamo sinaloense solo un tema es equiparable con la inseguridad: ver que los funcionarios corruptos del sexenio anterior y el propio López Valdez rindan cuentas antes las autoridades.

Quirino Ordaz repite en cada oportunidad que quiere hacer un “gobierno diferente”. Presume su origen empresarial y su carrera limpia de escándalos. Si quiere validar esa reputación en el gobierno, debe actuar contra la corrupción que le dejaron. Nada más, pero nada menos.

Tres días después de que la investigación de Noroeste se convirtiera en nota nacional, el Gobernador sigue sin pronunciarse al respecto. Tampoco los medios locales han visto nada, solo algunas columnas buscan darle al trabajo un sesgo político, cuando lo que hay que es periodismo.

Conseguimos la tibia declaración de la Auditoría Superior del Estado sobre el inicio de una “investigación” y algunos posicionamientos de partidos políticos con lugares comunes y frases a la medida. Al tiempo que empujan una iniciativa para dejar de discutir las cuentas públicas en el pleno del congreso. Sí, en tiempos de corrupción e impunidad, nuestros diputados quieren renunciar a su responsabilidad fiscalizadora.

Sin duda no estamos ante toda la corrupción del malovismo, probamos apenas una parte. Ante la documentación precisa de uno de sus tentáculos. Uno con nombre y apellido, con responsables y hechos concretos.

Hay materia, dirían los abogados. Pero el Fiscal Juan José Ríos Estavillo afirma que necesita denuncias para ejercer facultades.

Tampoco descubrimos algo muy sofisticado, sino un modelo de corrupción y pago de favores habitual, lo mismo en Sinaloa que en Veracruz o Chiapas. La pregunta es obvia: ¿qué acaso el Gobernador, el Congreso, la Auditoría Local ni la Unidad de transparencia vieron nunca nada?, ¿no se dieron cuenta cuando asignaron las obras, cuando revisaron la documentación, cuando pagaron las facturas?

Estoy seguro que sí. Pero no les importó, aún así usaron los recursos públicos de manera patrimonial. Hicieron muy buenos negocios.

La razón es todavía más burda: porque se puede. Porque no pasa nada. Porque nuestras instituciones para el contrapeso son pura simulación. Porque se van impunes y muy ricos. Porque la memoria colectiva termina siendo muy corta y no llega a la siguiente elección.

Porque al final, los que terminan estando contra la gente son ellos, los corruptos.

Quirino Ordaz Coppel sí puede actuar. Todavía no sabemos si quiere hacerlo. En la respuesta veremos el talante del nuevo gobierno.

 

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