La esperanza de Mirna

Mirna Medina, líder de Las Rastreadoras buscó durante 3 años a su hijo Roberto.

Tres años y 95 excavaciones después, la señora Mirna, líder de Las Rastreadoras, encontró los restos de su hijo Roberto.

Roberto desapareció el 14 de julio de 2014. Se lo llevaron unos hombres en una camioneta mientras vendía CD’s en una gasolinera de El Fuerte, Sinaloa. Un estuche para guardar los discos fue la pista que Mirna Nereyda Medina Quiñonez vio como señal de que ese cuerpo podía ser el de su hijo, Roberto Corrales Medina.

No alcanzo a imaginar el dolor que Mirna sufrió durante esos tres años de zozobra e incertidumbre. Mucho menos alcanzo a dimensionar lo que sintió cuando los peritajes le confirmaron la identidad de su hijo. Lo encontró el 14 de julio, la misma fecha en que desapareció, después de recibir un mensaje anónimo con la ubicación de Ocolome, el lugar del hallazgo.

Lo que sí se es que la Señora Mirna nunca perdió la esperanza, de lo contrario no hubiera dado con el paradero de Roberto.

Como la de Mirna hay muchas otras historias de desaparecidos en Sinaloa. Menos visibles tal vez, pero igual de dolorosas.

Ese dolor fue el germen de uno de las organizaciones más emblemáticas del activismo en materia de derechos humanos del país: Las Rastreadoras. Quienes acumulan ya más de 450 expedientes en el estado.

En junio, Bertila Beltrán Cabanillas y Guadalupe Grajeda Esquer, integrantes del colectivo participaron en la Caravana ‘Hasta Encontrarte’, realizada en conjunto con la luchadora social Nestora Salgado, como parte de la Campaña Internacional de Denuncia de las Madres de los Desaparecidos en México y visitaron ocho ciudades de Estados Unidos y Canadá para dar a conocer su labor.

El drama de los desaparecidos en México es ya internacional. Al cierre de 2016 el conteo acumulaba más de 30,000 personas desaparecidas. La ONU ha levantado las alerta sobre la crisis de derechos humanos que vive México y el delito de desaparición forma parte fundamental de ese diagnóstico.

En Sinaloa, según datos recientes, desaparece una persona cada 12 horas y en lo que va de 2017 son ya más de 460 casos registrados. Más de dos por día.

Tristemente, en pocos de ellos es posible encontrar a los desaparecidos o identificar los hallazgos. Las razones son la falta de voluntad institucional y las pésimas capacidades periciales de las autoridades.

Si Mirna tuvo “éxito” en encontrar a Roberto, fue gracias a su persistencia, no al apoyo del gobierno.

Por eso la historia de Mirna debe difundirse y conocerse. Porque es una historia que encierra dos grandes lecciones: el fracaso de las autoridades responsables y la resiliencia de una madre que nunca perdió la esperanza. La búsqueda de Mirna es un homenaje a la memoria y una crítica al poder. Ambos son necesarios.

Pero sobre todo debemos ser empáticos:

la desaparición de una persona conlleva una intención que daña el tejido social tanto o más que un homicidio, la intención del vacío.

La pretensión del olvido.

Un desaparecido es un dolor permanente para la familia. Un herida que no cicatriza. Un agujero que supura ansiedad. Si en Sinaloa sumamos los dos desaparecidos a los cinco homicidios diarios durante 2017, podemos dimensionar el tamaño de la crisis de inseguridad del estado.

Por eso urgen otros abordajes. Soluciones más integrales que solo ejército-patrullas- drones. Eso está bien, pero es lo mínimo.

¿Cuándo hablaremos de regular la mariguana y la heroína para restar incentivos económicos al narcotráfico y reducir el poder corruptor y violento del crimen organizado?

¿Cuándo reconoceremos el tamaño de la atrocidad crónica que vivimos desde hace 40 años y propondremos alternativas de justicia restaurativa y narrativa?

Cada vez que renovamos gobierno guardo –ingenuamente- la esperanza de que intentemos algo diferente ante el evidente fracaso de la estrategia actual. Otra vez no es así, seguimos sin empezar.

Librero.

Hablamos del narco como cultura y de capos como leyendas. Olvidamos que el narcotráfico es, antes que otra cosa, un mercado negro, un asunto de oferta-demanda. Un modelo económico. Lo trataríamos mejor de aprender bien esa lección. De eso trata “Narconomics: how to run a drug cartel” (Ebury Press, 2017) de Tom Wainwright, editor de The Economist.

*** ¿Qué se hace cuándo encuentran un desaparecido?

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