El “interés público” del fiscal Ríos Estavillo

Ríos Estavillo, Fiscal General de Sinaloa. FOTO: Noroeste.

Esta semana la nota la dio el Fiscal del Estado, Juan José Ríos Estavillo. Y lo hizo de manera preocupante. Así como no queriendo, el máximo fiscal deslizó que existía una denuncia por acoso sexual contra el magistrado Enrique Inzunza Cázarez, Presidente del Supremo Tribunal de Justicia de Sinaloa.

La acusación es muy fuerte y va dirigida contra el máximo representante del Poder Judicial del Estado y según sabemos, proviene de una trabajadora del Supremo Tribunal de Justicia en Mazatlán.

Inzunza Cázarez, con buenos reflejos políticos, negó las acusaciones y anunció de inmediato que renuncia a su fuero para que se realice una investigación “inmediata, diligente, veraz y rigurosa”.

Al respecto, el Presidente de la Federación de abogados de Sinaloa, José Luis Polo Palafox, fue muy claro: Ríos Estavillo violó la secrecía de la carpeta de investigación al revelar ante los medios la existencia de una denuncia cuyo acusado ni siquiera había sido notificado. Incluso, advierte, podría ser demandado por dicha violación.

Yo coincido. Más allá de que Inzunza Cázarez deberá atender con diligencia la denuncia para deslindar responsabilidades con la mayor claridad posible, es evidente que la declaración del Fiscal no fue ingenua. Ignoro sus motivos pero de nada sirve que haya afirmado que no pretendía criminalizar ni revictimizar cuando fue precisamente lo que hizo.

Decepciona, debo decirlo, esa actitud de un Fiscal que proviene de un trayectoria de derechos humanos y que conoce al dedillo los derechos de las víctimas y acusados.

Decepciona pero no sorprende, Ríos Estavillo ya mostró que su comprensión del interés público y la transparencia es un tanto variable.

Recordemos que se negó a dar una versión pública –lo que sí podía hacer– de los avances en el caso del asesinato de Javier Valdez e incluso se negó comparecer ante el Congreso del Estado. Esa misma actitud la hemos visto en otros casos, pero curiosamente en este caso no fue así.

Desconozco las razones personales y si, como afirman algunos, existe alguna rivalidad personal entre ambos personajes.

Pero el asunto de fondo no es ese, sino que hay algo mucho más serio en juego: tanto Ríos Estavillo como Inzunza Cázarez representan instituciones públicas fundamentales para la democracia sinaloense.

Con su “desliz”, por decir lo menos, Ríos Estavillo abarata su investidura y manda un pésimo mensaje sobre su criterio como Fiscal General ante un caso de esta naturaleza. Y lo más grave: pone en entredicho, desde el principio, la credibilidad de la Fiscalía del Estado para llevar a cabo con pulcritud e independencia la investigación en la que se acusa al Magistrado Presidente de Sinaloa.

El librero.

“Dictablanda: Politics, Work and Culture in Mexico, 1938-1968” (Duke University Press, 2014), un compendio magnífico de Paul Gillingham y Benjamin T. Smith sobre el México postrevolucionario del siglo XX y que, en muchos aspectos (sobre todo en la nostalgia), todavía sigue vivo. Se lo recomiendo.

 

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