Tadeo: los criminales van ganando

Camión quemado en narcobloqueo de Jalisco. FOTO: Noroeste.

“¿Por qué se llevan a gente inocente?”

es el reclamo de Alex, padre de Tadeo, el bebé de ocho meses que murió esta semana víctima de las quemaduras sufridas por el incendio intencional de un camión urbano en un bloqueo realizado por criminales en Jalisco. Su esposa sigue grave.

La historia de Tadeo es el ejemplo doloroso de la semana en nuestra narrativa violenta. Igual que los tres estudiantes de cine o los 43 de Ayotzinapa. Ejemplos para la indignación sobran en un país que tiene ahora la nariz metida en las elecciones mientras mueren asesinadas 90 personas por día.

El testimonio del joven padre es inefable. Y su reclamo de justicia totalmente legítimo, pero si nos atenemos a la evidencia, todo indica que quedará en eso: un reclamo inútil. Es triste, pero violencia e impunidad son las dos caras de una misma moneda en este país. Este gobierno, igual que el anterior, ya perdió la batalla de la seguridad. La injusta muerte de Tadeo es el ejemplo de que los criminales van ganando.

No lo digo en ánimo pesimista, lo confirman los datos duros: más de cien mil muertos durante el sexenio, tres cuartas partes del territorio en disputa con el crimen organizado, miles de desaparecidos, fosas clandestinas por doquier, empresas cerrando operaciones por extorsión e inseguridad y hasta sofisticados hackeos bancarios. El crimen manda este país. Es evidente.

Y lo que es peor, ni al Presidente ni a los gobernadores les interesa lo suficiente. No les duele por más que lo repitan en todos sus discursos. Lo que debería ser una prioridad nacional es otro asunto de política pública más a “administrar”. No la prioridad.

Con algunos matices narrativos, tanto Calderón como Peña Nieto hicieron exactamente lo mismo: intentaron controlar y desmantelar al “gran crimen organizado” con dinero, militares y equipamiento. La idea no era mala, pero era insuficiente, intentaron lo más pero abandonaron lo menos y dejaron de hacer lo básico: asegurar el espacio público, las calles y las plazas; espacios que se solucionan desde desde lo obvio: agentes de tránsito y policías bien pagados y capacitados, proximidad social, justicia cotidiana.

Captura de Joaquín Guzmán. FOTO: Noroeste.

Pero no, ahí no había golpe de efecto mediático ni capos todopoderosos humillados frente a las cámaras de televisión; además se requería tiempo, recursos y sobre todo, voluntad política para desmantelar el sistema corrupto que se ha tejido por décadas entre criminales y políticos en México. Había que confrontarse con los gobernadores y sus bastiones criminales locales. Había que reconocer y combatir la narcopolítica, y no lo hicieron. Prefirieron negarla.

La situación es tan grave que no se ve cómo entrarle. El crimen corre más rápido que nuestras ideas e instituciones para combatirlo. Es más, ni siquiera nos hemos puesto de acuerdo en el diagnóstico ni queremos hacer las preguntas correctas.

Un ejemplo: la clase política mexicana sigue rehuyendo discutir la legalización de la mariguana recreativa por razones puramente electorales; mientras tanto, ese mercado negro nació, creció, se consolidó y ahora se formaliza gracias a la regulación en los Estados Unidos. Ellos construirán una industria innovadora y multimillonaria, nosotros solo habremos aportado los muertos. Para cuando decidamos hacerlo, el narco será un monstruo diferente.

¿Qué hará el próximo gobierno con esta emergencia nacional?

La propuesta de “amnistía” de Andrés Manuel, si sucede como la han explicado sus voceros, alcanzará para algunas cosas, pero no es en sí misma una estrategia de seguridad. Tampoco creo que solo con “prosperidad y empleo” se solucione la cosa.

Por eso debemos exigir una propuesta concreta, un proyecto a seguir, construir y fiscalizar. Es, literalmente, cuestión de vida o muerte que veamos voluntad real en el combate a la inseguridad en este país. Ningún proyecto de nación es sostenible si el Estado sucumbe ante los criminales.

Decir que “habrá paz” no es suficiente:

¿cómo habremos de construir esa paz?,

¿cuáles serán los ejes de acción?, ¿quiénes serán los responsables?

Son preguntas pertinentes en un país que en este año electoral parece apostar por el cambio que el candidato López Obrador propone. Una idea: en nada se expresaría mejor el eslogan de un “Cambio verdadero” que en la certeza de seguridad que debe proporcionar el gobierno. En la sensación permanente de que en este país se nos cuida y nos respeta como ciudadanos. Que no estamos solo ante el embate de los criminales. Que no vivimos a la intemperie.

Ese será el gran reto del próximo sexenio: pacificar a México, no en el discurso, sino en los hechos. El AMLOVE de la campaña bajado a la realidad. Y aventuro otra idea: la expectativa sembrada es enorme y me temo que precisamente por eso, la paciencia no durará mucho. Espero que estén conscientes.

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